viernes, 24 de diciembre de 2010

Una de cada 5.000 mujeres carece de vagina

No es algo difundido, ni común, pero hay mujeres que al llegar a su adolescencia descubren que han nacido sin vagina, es decir, sufren agenesia vaginal. Pese al impacto que supone a la paciente, han de saber que hoy en día este problema es solventable. De hecho, según el caso, pueden llegar a tener hijos y gozar de una gran vida sexual.
La agenesia vaginal, también conocida con la complicada apelación de síndrome de Mayer-von Rokitansky-Kuster-Hauser, por el nombre de sus descubridores, consiste en que el feto no ha terminado de desarrollar su aparato reproductor femenino, y por ello la mujer descubre, años después, que no tiene formada su vagina como debería. La alarma surge entre los 15 y los 18 años cuando acuden al médico por falta de la primera menstruación. «La ausencia congénita de vagina afecta a uno de cada 5.000 nacimientos, puede ser total o parcial según la alteración del desarrollo embrionario», explica la ginecóloga Isabel Santillán Palencia.
El procedimiento depende de la evolución del mismo. Según Santillán «el tratamiento de primera línea es intentarlo con dilatadores vaginales, cuando esto falla se recurre a la cirugía». Existen dos técnicas: «Destaca el McIndoe por vía vaginal con injerto de piel obtenida de glúteos –matiza Santillán– y el Vecchietti modificado por laparoscopia que también asocia tracción».
Hay que recordar que el hecho de que las mujeres inicialmente no tuvieran vagina, no siempre indica que haya un problema en su útero, por lo que puede ser viable quedarse embarazada. El problema, según la ginecóloga es cuando «el caso se asocia a un útero rudimentario, que hace difícil que se produzca gestación».

-Placer
Las mujeres con vagina artificial gozan con total satisfacción de su vida sexual. Según los primeros trabajos de Masters y Johnson, en los años 70, en su libro «Human Sexual Response», tras estudiar diversos casos de féminas con vaginas implantadas quirúrgicamente, en todas ellas se produjeron las mismas reacciones sexuales físicas que en el resto con vaginas de nacimiento, demostrando que el tratamiento hacía posible una vida sexual normal. «La mayoría de estudios publicados indican que se mejora la vida sexual de forma significativa, aumentado la actividad y facilitando la consecución de la respuesta orgásmica», aporta Jesús Eugenio Rodríguez, psicosexólogo y director del Instituto Sexológico Murciano. Pese a ello, matiza que la sensibilidad de este órgano artificial no es la misma, pero «la sensibilidad de la vagina está sobrevalorada, es una zona menos sensible de lo que la gente imagina y con un rol menor en la consecución del placer».
Rodríguez explica que estas mujeres «se podrían centrar en potenciar la sexualidad no vaginal, mediante técnicas de autoestimulación, también en pareja, para los casos en que la funcionalidad sexual». El experto en sexología clínica afirma que que «para algunos casos de cirugía y, sobre todo cuando hablamos de dilatadores, las relaciones sexuales se prescriben como una forma de dilatación continua, es decir mantener y potenciar lo ya creado como vagina».

**Publicado en "la Razón"

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