martes, 3 de julio de 2018

Nuevas líneas de investigación estudian el papel de los probióticos y prebióticos en patologías del sistema nervioso y trastornos del comportamiento


Durante el XVII Congreso de la Sociedad Española de Nutrición y de la X Jornada de la Associació Catalana de Ciències de l’Alimentació, el profesor Ángel Gil, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Granada y presidente de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT), la doctora Carmen Vidal, presidenta del Comité Organizador del Congreso; y el doctor Guillermo Álvarez Calatayud, presidente de la Sociedad Española de Probióticos y Prebióticos (SEPyP) han presentado ponencias con los avances en materia de intolerancia a la histamina, la relación entre edulcorantes y microbiota, y los beneficios y nuevas líneas de investigación de los probióticos y prebióticos, respectivamente.

Así, el Dr. Álvarez Calatayud, ha defendido las posibles aplicaciones clínicas que tienen los probióticos y los prebióticos. Los alimentos con probióticos siempre contienen bacterias vivas y su ejemplo más representativo son los productos lácteos fermentados. Por su parte, los prebióticos son ingredientes alimenticios con la capacidad de estimular nuestra microbiota intestinal, funcionan como la fibra dietética y están sobre todo en frutas, verduras y legumbres.

“Ambos son recomendables para una dieta saludable, puesto que equilibran la microbiota y evitan estados de disbiosis (o desequilibrio de la flora intestinal) que pueden producir diversas enfermedades. En la actualidad, se ha involucrado la alteración de nuestra flora intestinal con más de cien enfermedades”, ha resaltado este experto.

Según los profesionales, el empleo de probióticos y prebióticos está muy asentado en la patología digestiva sobre todo en los procesos relacionados con las diarreas, aunque cada vez se va extendiendo a otros órganos y sistemas. “Las investigaciones actuales se centran sobre todo en su papel en la obesidad y la prevención del síndrome metabólico, pero también en aquellas patologías relacionadas con el sistema nervioso y los trastornos del comportamiento, como autismo, depresión, ansiedad o Alzheimer”, explica el doctor.

En cualquier caso, según el experto, hay que ser cautos ya que muchos de los estudios, aunque parecen prometedores, están en fase de investigación. “De momento no existe el probiótico ideal para adelgazar, aunque sabemos que la microbiota intestinal juega un papel muy importante en su desarrollo. Lo mismo ocurre con el autismo. Hablando de población sana, seguramente las poblaciones más vulnerables y que quizás se podrían beneficiar de su empleo serían la primera infancia (desde la gestación hasta los dos años) y las personas de la tercera edad”.

Con todo ello, cada vez hay más profesionales sanitarios implicados en esta materia. “Entre los médicos, prácticamente casi ya no hay ninguna especialidad donde no se contemple su posible utilización. Los últimos profesionales que se han añadido han sido psiquiatras, geriatras, alergólogos y dermatólogos. El resto de profesionales, tales como los farmacéuticos, odontólogos, nutricionistas, matronas, etc. también están muy interesados”, ha concluido el doctor Álvarez Calatayud.

¿Cómo influyen los edulcorantes en nuestra microbiota?
El profesor Ángel Gil ha subrayado que “cabe diferenciar entre edulcorantes naturales y sintéticos. Los edulcorantes sintéticos derivados de aminoácidos como el aspartamo, no producen ningún cambio en la microbiota porque sus componentes son absorbidos en el intestino delgado. En otros edulcorantes sintéticos, como es el caso de la sacarina, se han descrito efectos adversos sobre la microbiota, tanto en animales como en humanos, pero siempre que se consuma en cantidades muy elevadas, cosa que en la práctica casi nunca se produce. Si así fuera, pudiera incidir en el aumento, por ejemplo, de la glucemia”. En el caso de los edulcorantes naturales el único que produce cambios ligeros, y no adversos, sobre la microbiota, es la stevia.

En otro momento de su ponencia, el profesor Gil ha hecho referencia a los falsos mitos que en materia alimentaria tienen consecuencias claras: “En España, en los últimos diez años, se ha reducido el consumo de leche fluida del orden del 23%, cuando el consumo idóneo de leche y derivados está en dos o tres raciones diarias, y ello ha redundado entre otras cosas en el aumento de talla en nuestro país, del mismo modo que también incide en la mineralización ósea”. También añade “que hay que intentar reducir la ingesta de azúcares, de grasa o de sal. Pero eso no significa que no las tengamos que tomar. Como siempre, debemos consumir los alimentos con moderación. El sodio es fundamental para la vida; como el azúcar cuando no suponga más del 10% del aporte de la energía, que es lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud. Sin ir más lejos, la leche materna es dulce”.

La intolerancia a la histamina, al principio del camino
La histamina es una amina con importantes funciones en el organismo, la más conocida es la de mediadora de la respuesta alérgica, pero también puede darse el caso de una acumulación de histamina de origen alimentario. Aunque algunos síntomas sean parecidos a los de una alergia, hay que diferenciar claramente las alergias de las intoxicaciones histamínicas producidas por el consumo de alimentos con cantidades muy elevadas de histamina, generalmente debidas a que se han dado fallos higiénicos en su elaboración, distribución o almacenamiento, que han propiciado el crecimiento de ciertos microorganismos capaces de formar histamina a partir de su aminoácido precursor, la histidina, explica la doctora Carmen Vidal. 

Además, recientemente se ha descubierto un nuevo trastorno relacionado con la histamina. Así, en los últimos años se han acumulado evidencias de la existencia de personas con intolerancia a la histamina, que tras el consumo de ciertos alimentos, que no necesariamente contienen cantidades elevadas de histamina, experimentan síntomas poco específicos (dolor de cabeza, molestias gastrointestinales, problemas dermatológicos, entre otros). En estos casos el problema no reside en el alimento, sino que estas personas sensibles a la histamina tienen alterados, por causas diversas, los mecanismos de degradación intestinal de esta amina. Es entonces, cuando hablamos de intolerancia a la histamina.

La principal enzima responsable de la degradación intestinal de histamina es la DiAminoOxidasa (DAO) y se sabe que su actividad puede estar condicionada por mecanismos genéticos, en ciertas enfermedades inflamatorias intestinales y quizás también por el tratamiento con determinados fármacos. El tratamiento de la intolerancia a la histamina tiene que basarse en una dieta de exclusión de los alimentos que la aportan, necesariamente guiada por profesionales, para no caer en dietas desequilibradas.  También hay que seguir estudiando la posibilidad de aportar enzima DAO exógena, ya que podría ser una herramienta muy útil para el tratamiento de este trastorno. Haciendo un símil con la intolerancia a la lactosa, mucho más conocida, la suplementación con DAO exógena podría ser a la intolerancia a la histamina lo que la aportación externa de lactasa significa para el tratamiento de la intolerancia a la lactosa.

La experta ha enfatizado que la intolerancia a la histamina es un tema poco conocido, pero que ha cobrado protagonismo en los últimos diez años y sobre el que hay que seguir investigando, ya que el mecanismo es plausible y los estudios, aunque no son muy numerosos, apuntan en la misma dirección.  


1 comentario:

camila rincón dijo...

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