sábado, 25 de marzo de 2017

La fibromialgia, la depresión, la fatiga crónica o la ansiedad podrían tener su origen en el intestino debido a una mala alimentación




La fibromialgia, la fatiga crónica, el espectro autista, la ansiedad o la depresión son algunos ejemplos de trastornos típicos de la mente y el cuerpo que podrían estar relacionadas significativamente con un ambiente intestinal desordenado inducido por una mala alimentación. “Los últimos estudios que se están realizando indican que mantener un intestino sano podría ayudar a prevenir o minimizar estas enfermedades”, afirma el Dr. Barry Sears, presidente de la Inflammation Research Foundation en una visita realizada a nuestro país recientemente.

Estas patologías parecen estar aumentando al mismo tiempo que otros trastornos metabólicos como la obesidad, síndrome metabólico, hígado graso y diabetes, estos últimos causados claramente por la inflamación celular que puede aparecer cuando se come de manera desequilibrada, abusando de ciertos alimentos y olvidando otros fundamentales. “El intestino y el cerebro están conectados mediante el nervio vago, siendo éste una especie de autopista bidireccional por la que las bacterias intestinales pueden causar un efecto devastador en el cerebro si nuestro intestino está alterado", afirma el Dr. Sears.

Por ello es tan importante cuidar nuestra alimentación con el fin de evitar que se inflamen nuestras células, tanto las del cuerpo como las del cerebro. “Nuestras células pueden inflamarse a raíz de lo que comemos: esta inflamación celular es la razón por la que engordamos, sufrimos determinadas enfermedades y envejecemos antes. Cuando reducimos esta inflamación estamos estabilizando los niveles de glucosa en sangre, eliminamos el exceso de grasa corporal y mejoramos nuestra energía física y agudeza mental”, explica este especialista.

Es difícil determinar qué porcentaje de la población sufre inflamación celular “silenciosa” ya que, al ser asintomática, no suele haber un diagnóstico hasta que no aparece alguna complicación metabólica. No obstante, existen unos marcadores en sangre, las citoquinas y adipoquinas, que nos permiten saber si hay inflamación aunque la enfermedad aún no haya dado la cara. “Se estima que un porcentaje muy elevado de individuos obesos la padecen, con lo cual podríamos establecer una cifra superior al 20% de la población general”, explica el Dr. Sears.

En este sentido, los ácidos grasos Omega-3 son esenciales para la vida pero el organismo no es capaz de producirlos. “Los ácidos grasos Omega 3 pueden entrar en el cerebro para reducir la neuroinflamación y, asimismo, se está comprobando su capacidad y eficacia para reducir la inflamación en el intestino”, afirma el Dr. Sears. “Por ello deberíamos consumirlos diariamente, sin embargo, son los grandes olvidados, no solemos tomar la cantidad adecuada mediante la alimentación”, continúa. “Muchas enfermedades neurodegenerativas se han visto muy relacionadas por un consumo deficiente de Omega 3, presente en el pescado y otros productos como el lino, el cáñamo, determinadas algas o las nueces”, puntualiza.
Lo ideal sería consumir diariamente al menos 2,5 gramos de ácidos grasos Omega 3 de cadena larga para ayudar a mantener la visión en condiciones normales, lograr niveles medios de tensión arterial y controlar los niveles de triglicéridos. “El aporte de Omega 3 se ha relacionado además con el aumento de la saciedad, tiene una acción antiinflamatoria y regula la glucemia, lo que es clave en la pérdida de peso y en el control de la diabetes”, continúa este experto, quien recuerda que para conseguir todos estos beneficios lo ideal es tomar suplementos altamente concentrados y purificados. 

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