miércoles, 20 de julio de 2016

El riesgo de urticarias en niños se multiplica en verano

 La Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP) advierte de que en los meses de verano se incrementa el riesgo de urticaria en niños, debido al sol, el baño en aguas frías y la ingesta de alimentos y bebidas muy fríos. Los pediatras alergólogos recomiendan utilizar un buen protector solar y aplicarlo de manera adecuada, así como no sumergirse de golpe en agua fría para evitar reacciones cutáneas propias en estas fechas. De hecho, constituye un motivo muy frecuente de consulta en urgencias, atención primaria y especializada, ya que los síntomas son molestos y visualmente alarmantes.

Se estima que entre el 3% de los preescolares y el 2% en edades superiores han padecido urticaria en alguna ocasión, y las épocas de más frecuencia son la primavera y el verano, según datos de la SEICAP. De hecho, la urticaria solar afecta a un 2% de los niños que se exponen al sol y produce ronchas en brazos y piernas, incluso en zonas cubiertas del cuerpo. “Este tipo de lesiones suelen empezar entre uno y diez minutos después de la exposición solar con picor y enrojecimiento y ronchas en las zonas de exposición al cabo de media hora”, comenta la doctora Nuria Marco, miembro del Grupo de Trabajo de Dermatitis Atópica y Alergia Cutánea de la SEICAP. Los síntomas suelen desaparecer en un plazo de entre una y tres horas y se repiten siempre que el niño se expone al sol. También puede aparecer una erupción rojiza como consecuencia de una reacción fotoalérgica, conocida como fotosensibilización, debida a la exposición al sol de la piel después de la aplicación de cremas, perfumes, desodorantes y cosméticos o la ingesta de algún medicamento.

Los pediatras alergólogos recuerdan que “es fundamental extremar las precauciones pues la mayoría de reacciones se deben a la propia acción del sol por sobreexposición, tomar el sol a horas poco adecuadas o por no usar cremas fotoprotectoras”, indica la doctora Marco. Además, conviene usar cremas y lociones de protección solar específicas para bebés o niños pequeños, ya que no están perfumadas y su base de formulación es más suave. Por otro lado, “como la piel infantil posee menos melanina, es más sensible a las radiaciones y tiene menos mecanismos de defensa, por lo que conviene utilizar productos que contengan óxido de cinc o de titanio”, añade. Deben usarse los protectores solares de amplio espectro, que bloquean tanto los rayos ultravioleta A, como los ultravioleta B, con un Índice de Factor de Protección Solar como mínimo de 30 para los más pequeños. En cualquier caso, “su eficacia dependerá de su aplicación correcta, ya que hay que cubrir toda la piel extendiendo la crema, especialmente la cara, las manos y los pies, y aplicarla 30 minutos antes de salir de casa, incluso los días nublados, pues no empiezan a hacer efecto en la piel hasta 20 minutos después de aplicarla”, subraya.

Reacciones cutáneas por frío
Otra de las urticarias frecuentes en verano es la que puede surgir como consecuencia de estímulos como los baños en agua fría, el contacto con objetos congelados o la ingestión de alimentos o bebidas frías. “Se caracteriza por picor, ronchas e hinchazón en la zona al entrar en contacto con temperaturas bajas. Aparece de forma inmediata y desaparece entre 30 minutos y dos horas siguientes a la reacción, cuando la piel se calienta de nuevo”, explica la doctora Mercedes Escarrer, miembro del Grupo de Trabajo de Dermatitis Atópica y Alergia Cutánea de la SEICAP. Representan el 3% de las urticarias crónicas, según datos de SEICAP. Un estudio publicado en junio en la revista Pediatric Allergy and Immunology confirma que la urticaria a frigore se produce con más frecuencia durante o después de la inmersión en el agua y que incluso puede suponer una amenaza para la vida.

En estos casos se aconseja evitar los cambios bruscos de temperatura y llevar la medicación adecuada. “Deben evitarse situaciones de riesgo como zambullirse de golpe en agua fría, lanzándose a la piscina o al mar, y no tomar bebidas frías, cubitos de hielo o helados”, aconseja la doctora Escarrer. Esta especialista explica que si “el agua se encuentra a más de 25º no suele haber problemas pero siempre es importante comprobar primero su temperatura introduciendo un miembro del cuerpo durante cinco minutos para ver si se produce reacción”, indica. Para su diagnóstico, la prueba más utilizada es el test del cubito de hielo que consiste en aplicar hielo, de manera controlada y envuelto, en el antebrazo del niño durante 5 minutos y pasados 10 observar si se produce reacción. “La prueba es sencilla, pero debe realizarse de manera controlada y en la consulta del especialista, ya que es él quien debe interpretar de manera correcta la reacción y evitar que se produzcan quemaduras con el hielo”, advierte. Para el tratamiento se utilizan antihistamínicos como hidroxicina o cetirizina.