lunes, 13 de junio de 2016

Los impactos emocionales positivos favorecen el recuerdo de eventos similares futuros

Recompensar el aprendizaje de hoy puede mejorar el aprendizaje de mañana; esta es una de las conclusiones a las que investigadores del Grupo de Cognición y Plasticidad Cerebral del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) y de la Universidad de Barcelona (UB) han llegado en su último trabajo sobre el impacto de las emociones en la forma en que recordamos las cosas. El estudio, publicado en la revista Neurobiology of Learning and Memory, demuestra por primera vez en humanos como los efectos de la asociación de emociones positivas en los procesos de adquisición y consolidación de la memoria se prolongan de forma selectiva y prospectiva en el tiempo.

Nuestro cerebro, en palabras de Javiera Oyarzún, primera autora del estudio, "funciona como una máquina clasificadora. Cada vez que nos exponemos a un estímulo lo clasificamos en una categoría: personas, animales, objetos, etcétera. De esta manera, cada vez que recibimos información nueva la podemos integrar con información similar, de la que disponemos gracias a nuestra capacidad de generalización, y así anticipar nuestras respuestas ante estímulos similares que se den en el futuro".

"A la hora de almacenar estos estímulos, se sabe que los eventos con carga emocional se recuerdan mejor que los neutros. Por ejemplo, normalmente no recordamos los detalles que acompañan nuestro camino de vuelta habitual a casa, pero si en este mismo recorrido recibimos una buena noticia por teléfono, o somos testigos de un accidente, es probable que recordemos esos detalles con mucha más precisión".

Partiendo de esta base, los investigadores querían ir más allá y saber si una experiencia positiva también podía influenciar la manera de recordar acontecimientos posteriores que, sin presentar esta carga emocional, fueran similares al previo. Para ello, cuenta Oyarzún, "diseñamos un estudio con voluntarios a los que que enseñábamos una serie de imágenes correspondientes a dos categorías (objetos y animales), pero sólo recompensábamos una. Por ejemplo, cada vez que aparecía una imagen de un animal, el participante recibía una recompensa económica, es decir, se asociaba este estímulo con una carga emocional positiva".

Tal y como se esperaba, los participantes recordaban mejor las imágenes asociadas a una recompensa. En una segunda sesión, sin embargo, se volvieron a presentar nuevas imágenes de animales y objetos, pero explicitando que esta vez no habría ninguna recompensa. "Lo que vimos es que los participantes no sólo recordaban mejor las imágenes que les habían recompensado, sino también las de la misma categoría semántica a pesar de saber que no se asociaban a ninguna recompensa", comenta la investigadora.

Uno de los aspectos más relevantes del trabajo publicado es que los efectos de la carga emocional positiva sobre el almacenamiento de recuerdos no se observan hasta pasadas 24 horas, es decir, es necesario que el participante haya dormido. Se sabe que durante el sueño se maximizan los procesos de consolidación de la memoria, en los que se estabilizan nuevos recuerdos en base a la integración de esta nueva información con la antigua; parece ser, pues, que el efecto prospectivo de mejora de memoria provocado por la emoción positiva requiere este período de consolidación durante el sueño.

 "La emoción es uno de los factores de entrada directa al almacenamiento de información" comenta Luis Fuentemilla, investigador del IDIBELL-UB y último autor del estudio. "Por lo tanto, podemos sesgar la adquisición de recuerdos presentes y futuros en base a la incorporación de contenido emocional gracias a la capacidad integradora de información de nuestro cerebro". A nivel terapéutico, concluye Oyarzún, "esta capacidad de adquisición selectiva podría llegar a aplicarse en pacientes con dificultades de memoria o aprendizaje para promover una mejora de la memoria a largo plazo."