lunes, 6 de junio de 2016

Los expertos consideran necesario replantear la depresión como una verdadera enfermedad



La depresión es un auténtico problema social y de salud pública que necesita un nuevo abordaje, según se ha puesto de manifiesto en el XV Seminario Lundbeck “La depresión en mayúsculas” celebrado en  Ibiza. Es hora de replantearse la depresión como una verdadera enfermedad. Así lo cree la Profesora Magalida Gili, Decana de la Facultad de Medicina de la Universitat de les Illes Balears al afirmar que "la depresión tiene una elevada morbilidad -prevalencia puntual, en este momento, del 5% y prevalencia-vida del 10%-, se asocia con índices significativos de muerte por suicidio y es la segunda enfermedad más incapacitante, superada tan sólo por la cardiopatía isquémica en cuanto al grado de discapacidad y gasto social que origina".
Además, “la depresión afecta a la esfera personal, la vida en familia, la vida laboral, profesional, el estudio y el ámbito social. Todos los aspectos de la vida pueden verse afectados y, al mismo, tiempo, se trata de una enfermedad difícil de entender para la familia”, explica. Por eso, el abordaje de esta enfermedad tan compleja como incomprendida requiere de un enfoque y una implicación global. “El paciente con depresión necesita que todos y cada uno de nosotros, quienes tenemos responsabilidades en salud primero, pero también la sociedad en su conjunto, prestemos mayor atención a una enfermedad que es un verdadero reto en salud pública”, afirma la Prof. Gili.
Para José Ramón Pagés, coordinador nacional de la Fundación ANAED, su experiencia con la enfermedad ha pasado “por diversas etapas de mi vida, momentos y meses de depresión, aunque siempre intenté no verla, no ser consciente de que hay una enfermedad que tiene diagnóstico, tratamiento y terapia. Preferí pensar, como casi todo el mundo, que "ya se pasará sola", sin tener en cuenta que la depresión, al igual que una caries, si no le haces caso no desaparece, sino que lo que conseguiremos con el tiempo es perder la pieza dental. Al final, padecí la enfermedad durante cinco largos años.
Lo más terrible de la depresión –asegura Pagés- es que “la mayoría de la gente o no la ve, o no quiere verla, en definitiva, no la entiendes, la gente tampoco te entiende y lo que es peor, que en muchos casos te da igual curarte que morirte. Es tal vez más terrible que muchas enfermedades graves. Cuando tienes un cáncer lo primero que te ocurre es que te aferras a la vida y que quieres vivir. Y te das cuenta de todo lo que te queda por hacer. Y tu familia te entiende, entiende lo malo de la enfermedad y hacen todo lo posible por ayudarte. Cuando tienes una depresión, en muchos casos prefieres dejar de vivir y no hacer nada de lo que te queda. Y muchas familias tampoco entienden por qué estás mal si lo tienes todo y no tienes derecho a estar abatido o sin ganas de vivir”.

-Enfermedad compleja
Y es que la depresión es mucho más que un trastorno del estado de ánimo. Es una enfermedad mental compleja, multidimensional y heterogénea, con una extensa variedad de síntomas, tanto afectivos (tristeza, ansiedad, irritabilidad, bajo estado de ánimo, desesperanza…) como cognitivos (dificultades de atención y concentración, de memoria, de toma de decisiones y planificación, etc.) y somáticos (fatiga, cambios en el apetito y peso, alteraciones del sueño, cefalea, problemas estomacales…). Además, los síntomas y el impacto de la depresión son diferentes en cada persona y nadie está libre de padecerla.
La depresión afecta a personas de cualquier edad, condición social, de cualquier parte del mundo y con diferentes estilos de vida y temperamentos. Para Luis Gutiérrez Rojas, médico psiquiatra del Hospital Clínico Universitario San Cecilio de Granada, “la depresión tiene unas tasas de mejoría -reducción de los síntomas- de casi un 70% y unas tasas de curación -desaparición total de los síntomas y vuelta a la normalidad- de un 35%. Por tanto aún nos queda mucho por hacer”. ¿Por qué un alto porcentaje de pacientes mejora de la enfermedad pero que no llega a curarse? El Dr. Gutiérrez Rojas aclara que “estos pacientes presentan síntomas residuales que les imposibilitan volver a llevar una vida normal a nivel social, familiar y laboral.
Entre los síntomas residuales más frecuentes cabe señalar tres: el insomnio, la fatiga/cansancio y los síntomas cognitivos (pérdidas de memoria, dificultan para mantener la atención y la concentración…). Es necesario que los psiquiatras traten estos síntomas si quieren que el paciente se recupere volviendo a ser el mismo que era antes de caer enfermo”. Y es que el objetivo terapéutico actual en depresión persigue la completa recuperación funcional del paciente, con el fin de que pueda retomar las riendas de su vida en todas las esferas. Para ello, “es necesario identificar las causas del cuadro, evaluar los síntomas depresivos específicos que padece y los síntomas residuales, realizar un plan individualizado de tratamiento y conseguir que el paciente continúe tomando el tratamiento pautado el tiempo oportuno”, detalla el Dr. Gutiérrez Rojas.
¿Qué retos plantea, todavía hoy, la enfermedad?
Según el Profesor Enric Álvarez, director del Servicio de Psiquiatría del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, profesor titular de Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona. CiberSam. IBsantpau, “el reto en depresión es, básicamente, evitar los casos de cronificación, que son los que aumentan la carga económico-social; conseguir medicamentos de mejor tolerabilidad, sobre todo en relación a cognición y disfunción sexual; y mejorar los canales de comunicación especialistassociedad”. Como continúa explicando el Prof. Álvarez, “la vulgarización del término depresión, más incluso que el estigma que supone cualquier enfermedad mental, está en la base de la baja consideración social. Se utiliza el término para cualquier fluctuación leve y reactiva del estado de ánimo. En este caso los medios de comunicación pueden jugar un papel importante”.