lunes, 20 de junio de 2016

El 15% de los niños con artritis juvenil puede presentar uveítis

 La artritis idiopática juvenil (AIJ) es una enfermedad reumática que se caracteriza por la inflamación crónica de las articulaciones, aunque habitualmente puede presentar otras manifestaciones extraarticulares. En este sentido, la uveítis –inflamación de la úvea, membrana que recubre el ojo- es una de las más graves, ya que se considera una de las principales causas de ceguera en países desarrollados. Por este motivo, el abordaje multidisciplinar entre pediatras, reumatólogos y oftalmólogos continúa siendo un factor determinante en el seguimiento de la AIJ. Así se ha puesto de manifiesto en la segunda sesión de la V Jornada de Actualización en Artritis Idiopática Juvenil, organizada en Barcelona por la Sociedad Española de Reumatología Pediátrica (SERPE), con la colaboración de la compañía biofarmacéutica AbbVie. El encuentro ha reunido de forma presencial y en streaming a profesionales de la reumatología pediátrica, con el objetivo de repasar el protocolo consensuado para el manejo de la uveítis en AIJ.
Entre las principales conclusiones de la jornada destaca la importancia del diagnóstico precoz y el control estrecho de la AIJ, para lograr un mejor pronóstico de las complicaciones que puedan aparecer, como la uveítis. “Su debut puede ser anterior, simultáneo o posterior a los primeros síntomas de la AIJ, aunque por lo general, aparece después, alrededor del primer año. Existen factores de riesgo relacionados con la uveítis como la artritis de tipo oligoarticular, la presencia de anticuerpos antinucleares, o el inicio de la AIJ en edades tempranas”, señala Dr. Jordi Antón, presidente de la Sociedad Española de Reumatología Pediátrica (SERPE) y coordinador de la Unidad de Reumatología Pediátrica en el Hospital Sant Joan de Dèu.

Seguimiento de la uveítis, un reto compartido por varias especialidades

Una de las particularidades de las enfermedades reumáticas, como la AIJ, es que existe la posibilidad de que afecten a otros órganos como los ojos, o la piel. Entre estas manifestaciones, destaca la uveítis por la gravedad de sus secuelas, como señalan los expertos. Además, la mayoría de uveítis asociadas a la AIJ se presentan de forma asintomática. “El tipo más frecuente en los pacientes con AIJ es la uveítis anterior crónica, que puede ser no dolorosa y suele pasar desapercibida en sus primeras fases. Es el caso también de la pars planitis, otro de los tipos de uveítis intermedias más frecuentes en estos pacientes. Por ello es importante tener un alto grado de sospecha para que los niños acudan a las revisiones periódicas lo antes posible”.

En este sentido, los expertos coinciden en la importancia de establecer un abordaje multidisciplinar entre reumatólogos, pediatras y oftalmólogos. Para ello, la Sociedad Española de Reumatología Pediátrica ha apostado en los últimos años por un Protocolo de seguimiento y tratamiento de la uveítis asociada a AIJ[iv], que se actualiza de forma periódica. Se trata de mejorar la coordinación entre los distintos especialistas, con el objetivo de establecer un control estrecho y monitorizado.

En estos casos, resulta fundamental acortar el tiempo entre el inicio de los síntomas y el establecimiento de un seguimiento conjunto: “Todos los pacientes con AIJ deberían acudir al oftalmólogo en el primer mes tras recibir el diagnóstico, ya que el riesgo de sufrir uveítis se sitúa en un 15% para estos niños. En caso de no presentar uveítis, la frecuencia de estos controles variará en función del subtipo de AIJ, del tiempo desde el inicio, de la edad del paciente, o la presencia de anticuerpos antinucleares. En cambio, una vez que el paciente sufra un brote, el objetivo será controlar la inflamación y el seguimiento dependerá del estado de la enfermedad”, afirma el Dr. Antón.

Tratamiento precoz, clave para el pronóstico de estos pacientes

El carácter autoinmune e inflamatorio de la AIJ se asocia a una mayor persistencia de las complicaciones que este tipo de patologías producen. Por este motivo, la elección de una estrategia terapéutica debe hacerse lo antes posible, con el objetivo de minimizar el impacto de manifestaciones como la uveítis. “Es una complicación potencialmente grave, sobre todo, si no se consigue controlar la inflamación y todavía hay niños que pueden llegar a perder la vista. Afortunadamente, con los nuevos tratamientos disponibles esto es cada vez más raro. El mensaje, por tanto, para los padres de estos pacientes es positivo, pero debemos insistir en la importancia de acudir a controles periódicos en equipos multidisciplinares y especializados”, recalca el Dr. Antón.