miércoles, 20 de abril de 2016

Los cambios de temperatura aumentan la incidencia de rinitis alérgica y vírica

Los cambios de temperatura frecuentes y la polinización de las plantas características de la primavera aumentan la incidencia de casos tanto de rinitis alérgica como vírica, lo que puede inducir a error en el tratamiento si no se identifican de manera correcta. Así lo afirman los organizadores de la XVIII Reunión de Primavera de la Comisión de Rinología y Alergia de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) que tiene lugar el sábado en Valencia. La misma se celebra en el marco del XII Congreso de la Sociedad Valenciana de ORL (SORLV) que empieza este jueves.

La rinitis, con independencia de su causa, es un trastorno heterogéneo nasal sintomático que cursa con inflamación de la mucosa nasal y da lugar a síntomas como obstrucción y congestión nasal, estornudos y prurito o picor. Los cambios constantes de temperatura “provocan una disminución de las defensas de las vías áreas lo que hace aumentar la vulnerabilidad ante posibles agentes infecciosos y, por tanto, las posibilidades de rinitis de causa vírica”, explica el doctor Miguel Armengot, presidente de la Comisión de Rinología y Alergia de la SEORL. Por otro lado, los síntomas de la rinitis alérgica, que afecta a una de cada cinco personas según datos de la SEORL, se intensifican con el inicio de la polinización de muchas plantas, que tiene lugar en primavera. “En cualquier caso, estas cifras no siempre coinciden con la incidencia real ya que muchos pacientes no consultan por no considerarlo alergia”, advierte.

El hecho de que los síntomas de ambos tipos de rinitis puedan coexistir en el tiempo “hace que haya pacientes que puedan llegar a confundirlos. Sin embargo, no aparecen ni afectan de la misma manera”, apunta el doctor Armengot. En el caso de la vírica, hay infección, sintomatología local nasal, fiebre y malestar general y dolor generalizado. “Duran cerca de una semana y pueden causar baja laboral”, indica. Por su parte, la rinitis alérgica “provoca hipersecreción nasal y estornudos, y sus síntomas son más locales. Pueden durar dos o tres meses o incluso todo el año”, añade. Además, suele ir asociado al asma alérgico. De hecho, según un estudio francés con más de 1.500 pacientes publicado en Allergy, Asthma and Clinical Inmunology, de los que tienen rinitis alérgica (más de la mitad), el 42% tiene asma y el 60% conjuntivitis, y además ven deterioradas sus actividades diarias y la calidad del sueño.

El tratamiento también es distinto. “En caso de existir causa alérgica se pueden tratar los síntomas con antihistamínicos, corticoides”, señala el doctor Armengot. Existe también la posibilidad de curarla con inmunoterapia, “sin embargo, es necesario que la sintomatología sea prolongada duradera y que el paciente no presente sensibilización a muchos alérgenos puesto que así es más difícil ajustar la vacuna”, destaca.

Lo importante, afirma este especialista, es “que al aparecer los primeros síntomas se inicie el tratamiento para así evitar la inflamación de la mucosa”. En cuanto a la rinitis vírica, “se pueden atenuar con analgésicos pero nunca con antibióticos”.

Problema de salud mundial
La rinitis alérgica “constituye un problema de salud mundial por su alta prevalencia y afecta sobre todo a adolescentes y adultos jóvenes”, expresa el doctor Armengot. En los últimos años se ha constatado un aumento progresivo y ya está entre las diez principales causas para acudir al médico de atención primaria, según datos de la SEORL. Afecta más a las personas que viven en áreas urbanas que en rurales, y es más frecuente en países desarrollados.

Uno de los factores que más contribuyen a su progresión es la contaminación atmosférica, “ya que produce lesiones inflamatorias del epitelio respiratorio que inducen aumento de la permeabilidad a los alérgenos y una disminución de la capacidad de la eliminación del tapiz mucociliar”, destaca el doctor Armengot. Por otro lado, también influye en el poder alergénico de algunas plantas, “pues modifica la forma de los granos de polen y estimula la expresión de proteínas capaces de comportarse como inductores de la respuesta alérgica mediada por las IgE (inmunoglobulinas)”, concluye.