lunes, 7 de diciembre de 2015

Un aumento de la ingesta de PUFA en la dieta debe ir acompañado de un aumento equivalente de antioxidantes liposolubles


En 2000, el Instituto de Medicina de EE.UU. (IoM) observó que la cantidad de vitamina E necesaria para mantener el correcto metabolismo de los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) en las membranas celulares esta relacionada con la ingesta de PUFA. Una revisión reciente llevada a cabo por Raederstorff et al examina en detalle la relación entre la ingesta de PUFA y las necesidades de vitamina E. En la dieta occidental, el requerimiento metabólico basal de 3-4 mg/día de α -tocoferol debe aumentarse a entre 12,5 y 20 mg/día para equilibrar nuestra ingesta típica de PUFA.
La principal función de la vitamina E en las membranas celulares es antioxidante. Aunque todas las formas iso de la vitamina E poseen alguna capacidad antioxidante, el RRR-α-tocoferol es la que tiene mayor actividad biológica in vivo. También es la única isoforma que se une a una proteína transportadora específica (α-TTP) que actúa protegiendo la molécula en el interior de la célula y evita que esta se degrade rápidamente como ocurre con todas las demás isoformas. La capacidad antioxidante de la vitamina E se debe al grupo 6-hidroxi del anillo de cromano, que es el lugar activo en el que se eliminan los radicales libres. Una vez formado, el radical tocoferol es estable y no reactivo, paralizando la consecución de la cadena de oxidación y evitando así que la reacción continúe propagándose. Esta función fundamental de la vitamina E ha sido reconocida por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), la cual, tras revisar toda la evidencia disponible, ha llegado a la conclusión de que “la vitamina E contribuye a la protección de los constituyentes de las células frente a los daños oxidativos”.

Los primeros estudios en animales realizados en la década de 1960 revelaron que las cantidades relativas de α-tocoferol necesarias para proteger un mol de LC-PUFA con los enlaces dobles 1:2:3:4:5:6 eran de 0.3:2:3:4:5:6 respectivamente. El estudio Elgin llevado a cabo entre 1953 y 1967 realizó ensayos en humanos con distintas relaciones de vitamina E y PUFA. En dicho estudio se determinó que lo seres humanos tienen un requerimiento metabólico basal de 3-4 mg/día de α-tocoferol si no se consumen PUFA en la dieta. Una dieta a largo plazo de 60 g/día de aceite de maíz requiere un incremento de α-tocoferol de hasta 30 mg/d para evitar un descenso en los valores de las pruebas de hemólisis.

La incorporación de α-tocoferol a la membrana celular provoca una disminución de la fluidez de las células. El α-tocoferol parece acumularse en las áreas sin estructura (es decir, no en las balsas lipídicas), que a menudo tienen unas elevadas concentraciones de ácido docosahexaenoico (DHA), un PUFA altamente inestable. También la superficie de la membrana celular presenta unas concentraciones muy altas de α-tocoferol. En este caso, si está en la forma de radical α-tocoferoxilo, es capaz de ser regenerado por el ácido ascórbico en la interfase hidofílica/hidrofóbica.

Teniendo en cuenta la ingesta actual media de PUFA en la dieta occidental (concretamente de ácido oleico,ácidos grasos omega-6: ácido linoleico y ácido araquidónico y ácidos grasos omega-3: ácido α-linolénico, DHA y EPA), Raederstorff et al. calcularon un requerimiento diario total de α-tocoferol de entre 12,5 y 20 mg/día de vitamina E para igualar la ingesta de PUFA.

**Publicado en el Boletín Informativo NUTRIFACTS( Diciembre)