miércoles, 30 de septiembre de 2015

El aceite de pescado y el de krill son muy similares en términos de acumulación de EPA/DHA en el plasma y los glóbulos rojos


Un nuevo estudio demuestra que los aceites de pescado, los ésteres etílicos de aceite de pescado y el aceite de krill tienen prácticamente la misma biodisponibilidad en los glóbulos rojos y en el plasma cuando se igualan los niveles de EPA y DHA después de una intervención diaria con dosis altas durante cuatro semanas. No hubo evidencia de que el alto contenido en fosfolípidos o antioxidantes del aceite de krill mejorara la biodisponibilidad de EPA y DHA.
Un nuevo ensayo controlado aleatorizado, doble ciego (n=66) llevado a cabo con una intervención diaria de 1,3 g de ácido eicosapentaenoico y ácido docosahexaenoico (aprox. 61 % de EPA:39 % de DHA) durante cuatro semanas ha demostrado que los niveles acumulados en los glóbulos rojos y en el plasma eran comparables independientemente de que la dosis administrada fuera de aceite de pescado, ésteres etílicos de aceite de pescado o aceite de krill.

El aceite de krill se ha comercializado con el argumento de que la biodisponibilidad de EPA y DHA es muy superior, ya que están presentes en forma de fosfolípidos (en el aceite de pescado se encuentran en forma de triglicéridos) y contiene un potente antioxidante natural llamado astaxantina.

Sin embargo, hasta este nuevo estudio, los ensayos que han investigado la biodisponibilidad del aceite de pescado no habían utilizado dosis comparables de EPA y DHA (por separado) y solían llevarse a cabo durante un periodo de tiempo relativamente corto (es decir, insuficiente para su acumulación en el tejido (2)).

Ya antes, un pequeño ensayo cruzado, doble ciego, realizado en 2013 (3), en el que se intervino con una dosis diaria mucho más baja de 600 mg de omega-3 durante 4 semanas, demostró que los niveles de EPA en los tejidos llegaban casi a duplicarse con el aceite de krill en comparación con el aceite de pescado, mientras que en los niveles de DHA apenas se apreció diferencia. El problema aquí es que la acumulación de EPA en los tejidos es muy baja de todos modos y no hubo una relación equivalente de EPA y DHA.

Un ensayo abierto a cargo de Ulven et al. (4), en el que se administraron a adultos suplementos durante siete semanas, utilizó dosis no equivalentes de 3 g de aceite de krill y 1,8 g de aceite de pescado.

Arterburn et al (5) demostró que era necesaria una intervención con ácidos grasos omega-3 durante cuatro semanas para lograr estabilizar los niveles plasmáticos.

Un estudio reciente de Kohler et al. (6) con una única dosis de intervención medida después de 72 horas no pudo demostrar una diferencia en la biodisponibilidad entre contenidos similares de EPA y DHA en la harina de krill y el aceite de pescado.

El estudio de Yurko-Mauro (1) presenta la ventaja de que empleó preparados comerciales. El aceite de krill utilizado contenía 840 μg de astaxantina por cápsula, y aproximadamente el 44 % de los ácidos grasos estaba unido a fosfolípidos. Por su parte, los aceites de pescado contenían un 0,1% de mezcla de tocoferoles como antioxidante. Después de cuatro semanas de intervención, la acumulación de EPA y DHA en los tejidos varió un máximo de un 24 % entre el aceite de krill, el aceite de pescado y los ésteres etílicos de aceite de pescado. En general, el aceite de krill tendió a ser más efectivo que el aceite de pescado, y este a su vez demostró ser más efectivo que el éster etílico de aceite de pescado, si bien estas diferencias no fueron estadísticamente significativas.