sábado, 23 de mayo de 2015

La alergia a los ácaros afecta a entre el 70 y 80% de los niños en zonas costeras

La alergia a los ácaros afecta a entre el 70 y el 80% de los niños que viven en zonas costeras, según datos presentados en el XXXIX Congreso de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), que se celebra estos días en Alicante. Estos microorganismos necesitan unas condiciones climatológicas de alrededor del 70% de humedad y una temperatura de alrededor de 21ºC. “Es por eso que es frecuente en épocas como primavera u otoño y en comunidades como Cataluña o Canarias, donde se supera el 80% de afectados”, señala la doctora Ana María Plaza, presidente de SEICAP. Las únicas medidas de tratamiento conllevan la evitación de alérgenos procedentes del polvo y la inmunoterapia pero, dado que hay distintas especies, “se está investigando en vacunas diferenciadas que permitan un tratamiento más individualizado a través del diagnóstico molecular”, afirma.

Los ácaros viven dentro de las casas y se acumulan en lugares oscuros, alejados de la luz solar, donde tengan alimento. Su alergia puede dar origen a síntomas de asma, rinitis, conjuntivitis, y también dermatitis atópica. “Los niños que viven en zonas costeras son los más expuestos porque el clima es el idóneo por lo que al respirarlos de manera diaria y continua se va causando una inflamación interna en los bronquios, lo que les hace más sensibles a otro tipo de estímulos como infecciones u otro tipo de alergias que pueden causarles síntomas más agudos”, comenta la doctora Plaza. Si estos menores respiran de manera brusca una gran cantidad de ácaros pueden tener un ataque agudo de síntomas de asma o rinoconjuntivitis. En cambio, en las zonas de meseta estos microorganismos disminuyen y son causa poco frecuente de alergia, incluso en zonas de montaña llegan a desaparecer.

La alergia a los ácaros se diagnostica a través de test in vivo e in vitro estandarizados. “En caso de dar positivo el tratamiento pasa por la evitación de los propios causantes así como la inmunoterapia o vacunas de la alergia”, expresa la doctora Plaza. La evitación de los alérgenos pasa por cumplir una serie de normas en toda la casa pero con especial atención en la habitación del niño. “Hay que tener en cuenta que el polvo que contiene las partículas de ácaros flota en el aire y se va depositando por efecto de la gravedad en el suelo o en los muebles que tengamos en el hogar”, explica. Por ello, entre las recomendaciones se incluyen no sacudir el polvo con un plumero o trapo, no barrer con la escoba sino utilizar fregona o aspirador con filtro de agua para que el polvo no vuelva a salir por la parte posterior. Además, conviene no recargar demasiado el dormitorio, que éste sea luminoso, y evitar objetos difíciles de limpiar, alfombras, papeles pintados, colchones huecos como los de muelles, etc.

Por otra parte, los peluches y muñecos de tela acumulan polvo, por lo que se recomienda que se retiren y que el niño no duerma con ellos. Se deben cambiar por muñecos de plástico, lavables bajo el grifo. Además, “no se recomienda el uso de humidificadores para la habitación del niño alérgico a ácaros”, subraya la presidente de SEICAP.

Vacunas individualizadas
Además de la evitación de los ácaros, otro método de tratamiento son las vacunas que deberán ser recomendadas por el pediatra alergólogo en función de las características del niño. “Los resultados se aprecian a los 4 o 6 meses y al año se consigue una disminución considerable de los síntomas”, argumenta la doctora Plaza.
Un tratamiento de inmunoterapia específica para ácaros por un tiempo mínimo de 3 o 4 años permite variar la respuesta inmune frente a los ácaros.

El diagnóstico debe ser preciso para incluir en la prescripción de inmunoterapia las especies de ácaros más implicadas en la patología del niño. Por ello “se está viendo la manera de crear vacunas que contengan las proteínas concretas del ácaro que provocan las reacciones alérgicas”, indica esta especialista. Para diseñarlas, es necesario un diagnóstico molecular por componentes, que solo está disponible en pocos centros de España.