lunes, 11 de mayo de 2015

El test de intolerancia con estudio sanguíneo no es útil para hallar trastorno funcional digestivo según la SEPD


La inminente celebración, en Sevilla, de la LXXIV edición del Congreso Anual de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) ha servido para que sus profesionales sanitarios alerten de que los test de intolerancia alimentaria basados en análisis de sangre “no son útiles para el diagnóstico de trastornos funcionales digestivos”.
16 SEPD IMLos integrantes de esta sociedad científica, que conmemoran estos días la Semana de las Enfermedades Digestivas, sostienen que estos trastornos “destacan por su alta prevalencia y por afectar en gran medida a la calidad de vida de los pacientes”. En este sentido, declaran que “la ausencia de una única causa conocida de éstos ha propiciado la aparición de supuestos orígenes que en el momento actual no han podido ser demostrados”.
“No existe suficiente evidencia científica para avalar la eficiencia de estos test basados en un análisis de sangre”, manifiesta al respecto la SEPD, cuyo miembro e integrante de la Unidad de Trastornos Funcionales del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, el doctor Ángel Álvarez, explica que las intolerancias “son bien conocidas y existen pruebas estándar para su detección como son los tests de aliento, la detección de anticuerpos específicos en sangre o la biopsia intestinal”.
Este profesional sanitario destaca, sin embargo, que el uso de los test de intolerancia alimentaria para determinar otras enfermedades presuntamente asociadas “carecen de base científica que los avalen”. Los test que están apareciendo en los últimos años, que se publicitan como de intolerancia, “son capaces de detectar el rastro de más de 150 alimentos, basándose en pruebas de citotoxicidad alimentaria a través de un análisis de sangre”, pero la presencia de este tipo de anticuerpos IgG no prueba la existencia de intolerancia.
Los datos de estos test “pueden dar lugar a resultados confusos o a la recomendación de dietas ineficaces, y pueden retrasar el diagnóstico y el tratamiento adecuado de enfermedades que, en ocasiones, pueden ser severas”, continúa Álvarez, que desaconseja el uso de estos test en la evaluación de las intolerancias “y, sobre todo, en tratamientos de enfermedades presuntamente asociadas a la alimentación”.