lunes, 13 de abril de 2015

Llamamiento a los 300.000 madrileños con diabetes y sus familiares para que se formen en la prevención y el tratamiento de hipoglucemias

La Asociación de Diabéticos de Madrid y la Federación de Diabéticos Españoles (FEDE) han hecho un llamamiento a los madrileños con diabetes y sus familias para que se formen en materia de hipoglucemias, la complicación más habitual a la que suelen enfrentarse quienes conviven con dicha enfermedad.

El llamamiento se produce en el marco de una jornada monográfica organizada por ambas entidades en colaboración con la compañía de cuidados sanitarios Novo Nordisk. Tiene lugar en la sede de la Asociación de Diabéticos de Madrid donde su presidente, Juan Manuel Gómez, y Mercedes Galindo, enfermera educadora en Diabetes del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y vocal de la Sociedad Española de Diabetes, están ofreciendo a los asistentes todo tipo de información sobre las hipoglucemias, la forma de prevenirlas y, en caso de tener alguna, cómo resolverla.

En el conjunto de la Comunidad de Madrid se calcula que hay unas 300.000 personas con diabetes. En su mayoría, al administrarse insulina o hipoglucemiantes orales, están en riesgo de sufrir ocasionalmente alguna hipoglucemia, si bien se estima que sólo entre el 10% y el 20% padece al año un episodio de intensidad grave.

Una hipoglucemia es la disminución del nivel de glucosa en sangre que provoca alteraciones en el organismo, como malestar general, visión borrosa, temblores, taquicardias, menor capacidad de raciocinio, cefalea, sudoración o mareo. Se consideran graves los episodios en los que el paciente necesita la asistencia de otras personas y que, si no se atajan con rapidez, pueden derivar en un coma.

Por este motivo, apunta Mercedes Galindo, “no sólo resulta esencial la formación de los propios pacientes, sino también la de sus familiares y su entorno más cercano. Todos ellos deben saber cuáles son los síntomas de las hipoglucemias, cómo reconocerlos, a qué se deben y cómo atajarlos. En los casos leves, la persona afectada debe ingerir de inmediato azúcares o hidratos de carbono de absorción rápida, que le resolverán la hipoglucemia, y después, tomar algún alimento con hidratos de carbono de absorción más lenta, que evitarán que se repita el episodio. En los más graves, que el paciente no puede solucionar por sí mismo, ha de recibir una inyección de glucagón por parte de una tercera persona”.

La glucosa es el “combustible” del organismo, de forma que un mínimo nivel de la misma es esencial para que, entre otras cosas, las neuronas funcionen correctamente. Las personas con diabetes tienen un exceso de glucosa en sangre, pues su páncreas no segrega insulina o esta no actúa de manera adecuada, y la insulina es la hormona que permite que la glucosa pase de la sangre a las células.

Cuando los pacientes que se inyectan insulina o se administran otros fármacos hipoglucemiantes no compensan su efecto reductor del nivel de glucosa con la ingesta de suficientes hidratos de carbono o hacen demasiado ejercicio, puede producirse una hipoglucemia. Por ello, las nuevas vías de investigación terapéutica persiguen, precisamente, contribuir al adecuado tratamiento de la diabetes evitando los episodios hipoglucémicos.

“En efecto -continúa Mercedes Galindo-, el reto es que la persona con diabetes consiga un óptimo control metabólico con una adecuada calidad de vida y con los mínimos episodios de hipoglucemia. Además, el miedo a padecerlos, sobre todo si ya se ha tenido algún episodio grave, provoca una alta ansiedad. El objetivo es que cualquier persona con diabetes que tenga prescrito un tratamiento hipoglucemiante reciba la adecuada educación sobre la prevención y tratamiento de la hipoglucemia y que, en las revisiones periódicas, se evalúe su adherencia a la correcta resolución de las mismas, además de determinar si pueden existir hipoglucemias asintomáticas”.

Repercusión en la calidad de vida del paciente y en el gasto sanitario

Entre el 90% y el 95% de las personas con diabetes la padecen en su variante de tipo 2, en la que el páncreas sí produce insulina pero esta no actúa correctamente. Junto a su evidente repercusión en la calidad de vida de los pacientes, la diabetes conlleva un alto coste socio-sanitario: se calcula que entre el 20% y el 30% de las camas de los hospitales están ocupadas por personas con complicaciones asociadas a la diabetes y que el 8% del gasto sanitario se destina a prevenirlas y tratarlas.