sábado, 5 de octubre de 2013

¿Qué es la atrofia cerebral?

La atrofia cerebral o pérdida de volumen cerebral, es un rasgo característico de la progresión de la enfermedad a lo largo del tiempo en pacientes con esclerosis múltiple (EM). Los cambios en el volumen cerebral están influenciados por el grado de los procesos asociados a la enfermedad EM, como la inflamación, neurodegeneración, desmielinización y remielinización. Asimismo, la atrofia puede afectar a todo el cerebro o puede limitarse a regiones específicas. Por ejemplo, si están afectados algunos elementos de los hemisferios cerebrales (los dos lóbulos del encéfalo que forman el cerebro), puede verse alterado el pensamiento consciente y los procesos voluntarios1.

¿Cómo se asocia el cerebro atrofiado a la esclerosis múltiple (EM)?
Aunque la progresión de la discapacidad en la EM se produce lentamente, el daño subyacente en el  sistema nervioso central (SNC) puede observarse y medirse clínicamente mediante la evaluación  de la pérdida de volumen cerebral (atrofia). La atrofia cerebral se produce a mayor velocidad en gente con EM que en gente sana, con un descenso del volumen cerebral de aproximadamente el 0,5–1% al año para personas con EM en comparación con un 0,1–0,3% en individuos sanos, lo que parece correlacionarse con medidas de discapacidad 2.

Imágenes de IRM del cerebro que demuestran el grado de atrofia en personas con EM en comparación con un control de personas sanas (imágenes B y C) 3






Imagen A: hombre sano de 31 años

 

I
 

Imagen B: mujer de 36 años con recaída de EM remitiendo con una duración de la enfermedad de 2 años

 
  ¿Cómo se mide la atrofia cerebral?
La atrofia cerebral se mide mediante la imagen de resonancia magnética (IRM), que utiliza un campo magnético potente para crear imágenes detalladas de los cambios patológicos en el cerebro incluyendo áreas de inflamación, daño o cicatrización en el tejido nervioso. La IRM es una herramienta de diagnóstico clave para el diagnóstico de la EM y para monitorizar la actividad de la enfermedad y la respuesta al tratamiento en personas con EM.

Se está llevando a cabo un trabajo considerable para cuantificar el daño o la pérdida de tejido cerebral en la EM utilizando IRM, correlacionando esto a los resultados clínicos. La IRM nos permite medir el número de lesiones cerebrales nuevas/ activas y los cambios en el volumen total de esas lesiones, mientras que la atrofia cerebral se evalúa midiendo los cambios en el volumen cerebral total con el tiempo y es dependiente de la técnica utilizada.

 La evaluación de la atrofia cerebral está adquiriendo una importante consideración en la monitorización de los efectos del tratamiento en la EM y como variable secundaria estándar en los ensayos clínicos. También se utiliza como medida in vivo de la neurodegeneración y como mecanismo de predicción por IRM de una futura discapacidad. Por tanto, puede considerarse un biomarcador potencial de la neurodegeneración y la progresión de la discapacidad en EM y proporciona una medida global sensible de la neuroprotección en los ensayos de EM.

Idealmente, las terapias modificadoras de la enfermedad deben reducir el descenso del volumen cerebral. Las diferencias entre los tratamientos modificadores de la enfermedad en la atrofia cerebral pueden explicarse por el grado de sus efectos beneficiosos sobre la inflamación y sobre el equilibrio entre la remielinización y la reparación neuronal  en el SNC.

**Datos de NOVARTIS