lunes, 13 de agosto de 2012

Los niños son más susceptibles de sufrir picaduras en verano

Nos encontramos en una estación en la que son habituales las picaduras de abejas y avispas, por ejemplo, dado el aumento de su actividad al haber más polen a su alcance. También son frecuentes las picaduras de animales marinos (medusas, erizos de mar…) o de arácnidos, ya que se pasa más tiempo al aire libre. “En particular, los niños son más susceptibles de recibir estas picaduras y reaccionan, en numerosas ocasiones, de forma exagerada, pudiendo aparecer lesiones a distancia que producen mucho picor lo que llamamos prúrigo estrófulo o prurigo por picaduras”, señala el doctor Raúl de Lucas Laguna, dermatólogo del centro médico d-médical de Madrid.

Las picaduras de insectos en general, no son peligrosas, aunque algunos pueden transmitir enfermedades como la fiebre botonosa, la enfermedad de Lyme o la leishmaniasis”, apunta el Dr. de Lucas.

La reacción común es un dolor intenso en el momento en que se produce la picadura, la formación de una pápula – mancha elevada y sólida sobre la piel que mide menos de 1 cm–, una desagradable sensación de picor y la posibilidad de que aparezca un edema progresivo en las horas siguientes. En estos casos, “si aparece dolor intenso, edema, fiebre o dificultad respiratoria, se hace necesario actuar y acudir al médico”, destaca el experto. Por otra parte, es importante revisar la piel y de forma periódica, puesto que aquellas personas que ya han sufrido una reacción alérgica a himenópteros, sufrirán una nueva reacción igual o más grave que la anterior -en el 60% de los adultos y en el 40% de los niños- si esta clase de insecto les vuelve a picar.

El contacto con animales desconocidos puede provocar infecciones. Son frecuentes las infecciones por hongos o inclusive la tiña, aunque esta afección sea un cuadro benigno que no suele dar problemas. Para evitarlas, conviene eludir el contacto con animales que no conozcamos o que presenten calvas o heridas en la piel.

Consejos en caso de picadura

Si la picadura es de un insecto (tipo avispa o abeja) debe retirarse el aguijón raspando suavemente la piel, pero nunca tirando de él ni apretando la piel. A continuación se ha de limpiar la picadura con agua y jabón y aplicar hielo sobre la misma para reducir el dolor. Es fundamental no rascarse para evitar que empeore y aumente el riesgo de infección.

Si la lesión procede de un animal marino (erizos, pez araña, etc.), hay que lavar la zona de la picadura con agua abundante para eliminar el mayor número posible de espinas. Después, conviene sumergir la zona afectada en agua caliente durante media hora y, para acabar con el resto de espinas, lo mejor es utilizar unas pinzas o guantes. Por otro lado, si la picadura es de medusa, se recomienda salir inmediatamente del agua y no frotar la zona afectada, retirando los tentáculos adheridos a la piel también con una pinza o guantes. En este caso, se debe lavar la herida siempre con agua salada y no con agua dulce ya que ésta facilita la descarga del veneno de los tentáculos. Por último, aplicar frio durante unos minutos y más tarde compresas empapadas en vinagre, bicarbonato o amoníaco.

En cualquier caso, hay que acudir al médico si se observa un empeoramiento de la zona afectada o bien aparecen complicaciones de otro tipo, por ejemplo respiratorias, o si no se pueden extraer las espinas con facilidad, si aumenta el dolor o la hinchazón, o si aparece fiebre.

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