domingo, 24 de julio de 2011

Los marcapasos inteligentes mejoran la calidad de vida



Los marcapasos han sufrido en los últimos años una revolución tan notable que la historia de sueco Arne Larson parece de otra época. Larson, que fue el primer paciente al que le fue implantado con éxito un dispositivo, en 1958, necesitó llevar 28 modelos con otras tantas operaciones durante las más de cuatro décadas que transcurrieron hasta su fallecimiento por un melanoma en el 2001. Hoy, al margen de mejorar la calidad de vida del paciente, habrían bastado cinco cambios de batería que se habrían efectuado sin necesidad --salvo excepciones-- de una cirugía compleja. "Y esto no ha hecho más que empezar", asegura Ignacio Fernández Lozano, presidente de la Sección de Electrofisiología y Arritmias de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y médico del Hospital Puerta de Hierro de Madrid. Colocar un marcapasos se ha convertido en una intervención "casi rutinaria", añade Lluís Mont, jefe de la Unidad de Arritmias del Hospital Clínic de Barcelona, que es el centro líder en España en implantes de este tipo (cuatro al día). En total, cada año se ponen unos 34.000.

El corazón tiene un ritmo marcado por sus propias células, que de manera automática se contraen y liberan un estímulo eléctrico que desencadena el latido. Sin embargo, si el tejido se deteriora, generalmente por motivos de edad, las células pueden dejar de hacer su función. "Lo que hace el marcapasos es sustituir esa señal que da lugar a la contracción por un estímulo externo", resume Mont. En cierta manera, el dispositivo es como un pequeño motor. Un motor plano, de forma casi circular y con una batería recambiable.
Los marcapasos se suelen poner por debajo de la clavícula, creando una especie de "bolsillo" debajo de la piel, explica Mont (en casos especiales también pueden ir bajo el músculo). El tamaño se ha reducido hasta el punto de que hoy en día miden solo cinco centímetros de diámetro y uno de grosor, aunque son sensiblemente mayores si incorporan funciones de desfibrilador para tratar arritmias o taquicardias. "Para una persona delgada llevar un marcapasos puede suponer una cierta molestia, pero una corpulenta apenas lo nota", insiste el cardiólogo.






-Sin contraindicaciones
Al corazón se llega luego con dos electrodos que se introducen por la vena subclavia, prosigue el especialista del Clínic. "No hay contraindicaciones especiales para llevar un marcapasos, sino solo dificultades especiales", como pacientes que tengan anomalías de las venas que dificulten la llegada de los cables. De hecho, la principal dificultad actual es el surgimiento de infecciones por culpa de la incisión.
"Los marcapasos se pueden programar a demanda en función de las necesidades ¿ilustra Mont¿. Podemos decirle: espérate si hay ritmo propio y lanza un estímulo solo cuando sea necesario". Además de mejorar la calidad de vida, ello permite ahorrar batería y alarga la vida del dispositivo. "En general, podemos esperar que el generador, incluida la pila, dure entre 7 y 10 años", añade. Cuando llega el momento, se hace una incisión y se pone uno nuevo. Si no hay problemas, no hay ni que cambiar los cables.
Una vez colocado, un marcapasos puede regularse y se le pueden introducir cambios por ondas electromagnéticas e incluso con radiofrecuencias. Fernández Lozano precisa que los modelos más modernos incorporan programas de autodiagnóstico y programación automática.






-A la cola de Europa
Un paciente suele visitar al especialista una vez por año, aunque "sería mejor dos", en opinión del médico del Hospital Puerta de Hierro. "En cualquier caso, en un futuro cercano podremos hacer el seguimiento hospitalario desde una consola en el domicilio. Todo se simplificará", añade. Según Fernández Lozano, muchos marcapasos están infrautilizados, es decir, ofrecen más posibilidades de las que luego se programan, un problema que atribuye a que "a lo mejor" España no cuenta con suficientes especialistas.
"Diría que al menos el 95% de los pacientes que necesitan un marcapasos en España ya lo llevan, un buen índice, pero no sucede lo mismo con los desfibriladores ¿concluye Fernández¿. Con una tasa del 60%, estamos a la cola de Europa".






**Publicado en "EL PERIODICO DE CATALUNYA"

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