lunes, 29 de noviembre de 2010

La Academia de Medicina aclara que la leche artificial no tiene riesgos pero tampoco beneficios

La lactancia materna ha sido uno de los contenidos protagonistas del Ciclo de Conferencias y Jornadas sobre Nutrición que organiza la Real Academia Nacional de Medicina (RANM) en colaboración con el Instituto Danone. En su defensa de las ventajas de la lactancia materna, el Académico de Número y profesor de Pediatría de la Universidad Complutense de Madrid, Enrique Casado, aclaró que los productos artificiales no deben asociarse a ningún riesgo pero tampoco a ninguno de los beneficios inmunológicos, antiinfecciosos y nutricionales propios de esta práctica, a los que habría que añadir, según estudios recientes, un mejor desarrollo intelectual, visual y oral del niño.
La lactancia materna se remonta a los orígenes de la humanidad y se asocia con un menor riesgo de muerte súbita del lactante. También está ligada a una menor incidencia de infecciones. Según el profesor Casado las fórmulas artificiales no son nunca idénticas a la leche de mujer y los bancos de leche materna están actualmente en descrédito. "Estos últimos desaparecieron con la práctica extinción de las escuelas de puericultura", comenta el Académico que es optimista respecto a cierta recuperación de la lactancia materna que achaca "a que las mujeres se están concienciando de los beneficios. No obstante, el porcentaje de madres que dan el pecho a sus hijos sigue siendo bajo y en ello han influido claramente la disponibilidad de productos artificiales de calidad y la progresiva incorporación de la mujer al mundo laboral". La solución a esto no pasa únicamente, en opinión del profesor Casado, por autorizar disposiciones legales consistentes en conceder permisos por lactancia.
Se estima que en los países desarrollados, con variaciones según factores regionales, étnicos, sociales y educativos, se pasó de una tasa aproximada a principios del siglo XX del 90% al 25% en los años sesenta. La tasa aumentó en los 70 y alcanzó aproximadamente el 60% en los ochenta, para volver a disminuir en los noventa a cifras que se acercan o superan ligeramente el 50%. En la década de los 90 entre el 80-90% de los niños iniciaban la lactancia, pero pocas madres la mantenía más de 4 meses. Ya en el año 2000, se observa una gran variabilidad entre países, pero en términos generales cerca del 80% de los niños inician la lactancia natural pero muy pocas madres la mantienen al cabo de tres-cuatro meses.

-Aprender a comer
Otro de los participantes en la jornada, el profesor Abel Mariné, de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona y vicepresidente del Instituto Danone, ha subrayado el importante papel de la familia en la educación alimentaria. Según este especialista, que centró su intervención en la educación alimentaria y el papel que juegan en esa tarea la familia, la escuela, el sistema sanitario y la sociedad, tener un conocimiento razonable de alimentación significa conocer la nociones básicas necesarias pasa saber elegir cómo alimentarse racionalmente. "No hace falta", aclara, "ser un especialista en nutrición. El papel más influyente lo desempeña la familia no por su labor educativa sino por su facilidad para introducir hábitos de vida. Después la escuela debe reforzar, no sustituir, lo que hace el entorno más cercano. Por último, cualquier profesional sanitario también está en condiciones de prescribir una dieta".
No obstante, la situación familiar ha cambiado en las últimas décadas. El motor del cambio y las consecuencias las tiene claras el profesor Mariné: "La mujer ha ‘salido de la cocina’ por su incorporación al mundo laboral y no ha entrado nadie en su lugar. La vida moderna, más urbana, impone unos ritmos que dificultan hacer una alimentación racional. Porque la dieta mediterránea, por ejemplo, no sólo es una serie de alimentos concretos, sino también una forma de consumirlos, de integrar dicho consumo en nuestra vida. No se trata sólo de comer sano: uno se puede tomar una ensalada pero si lo hace rápido, de pie o delante del ordenador, entonces no lo está haciendo bien".
El profesor Mariné admite que no es fácil cambiar la dieta máxime cuando va ligada a un estilo de vida y recuerda aquello que decía el profesor Francisco Grande Covián de que "es más fácil que uno cambie de religión que de dieta". No obstante, hay que, según este experto, seguir apelando a la responsabilidad de los que ejercen la docencia y la asistencia médica y que están, por ejemplo, en situación de acabar con ciertos clichés. "Se tiende a clasificar los alimentos en buenos y malos. La hamburguesa se convierte de entrada en comida basura sin reparar en que el problema no es consumir esa carne sino en comer muchas hamburguesas". Las recomendaciones deben ir siempre encaminadas a comer variado, con predominio de los productos vegetales sobre animales, como los cereales, verduras, frutas y hortalizas. Consejos que deben seguirse al tiempo que se evita la vida sedentaria. "Si realmente se cumplieran estas pautas de ejercicio y la alimentación no tendríamos encima las actuales pandemias de obesidad, diabetes, hipertensión arterial, etc.", concluye.
En el marco de este Ciclo se celebrarán otras dos jornadas los próximos días 2 (Obesidad, diabetes y síndrome metabólico) y 9 de diciembre (Bacterias y salud y Microbiota y obesidad).