lunes, 2 de agosto de 2010

Fumar incrementa el riesgo de padecer uveítis y ceguera


El dolor ocular, el enrojecimiento y las molestias oculares causadas por la luz son síntomas que han de ponernos en alerta porque pueden indicar que padecemos una uveítis. La uveítis es una inflamación de la capa media del ojo que puede estar en relación con enfermedades reumáticas y que en ocasiones puede llegar a provocar ceguera.
Aunque a simple vista no parezca que puede estar relacionado de forma directa, el hecho de fumar de forma regular hace que la probabilidad de que una persona padezca esta enfermedad a lo largo de su vida se vea aumentada hasta dos veces, así como agravarla en las personas que ya la sufren. Así lo indica un estudio publicado recientemente en la revista Ophthalmology(1) que aporta los primeros datos sobre la estrecha relación que existe entre esta patología y el consumo de tabaco.
Cualquier cigarrillo contiene cerca de 40.000 compuestos activos, de los que al menos 40 son carcinógenos. También incluyen radicales libres que pueden llevar a la inflamación vascular o al desarrollo de enfermedades sistémicas, dos de los desencadenantes de la uveítis. De igual forma, aumenta la posibilidad de padecer degeneración macular asociada a la edad o cataratas.
Se trata de un importante resultado puesto que nos encontramos ante una enfermedad cuyo desarrollo y consecuencias –provoca el 10% del total de cegueras en países desarrollados- se pueden prevenir recomendando el abandono de este hábito, apunta la Dra. Esperanza Pato, del Servicio de Reumatología del Hospital Clínico San Carlos (Madrid). "Existen varios estudios que indican que el estrés oxidativo inducido por algunos componentes del tabaco provoca procesos inflamatorios, por lo que también podría estimular el desarrollo de uveítis", comenta la experta.
Mayor relación con uveítis infecciosa
En este estudio retrospectivo han participado 1.128 pacientes oftalmológicos, a la mitad de los cuales se les ha realizado un diagnóstico de inflamación ocular entre 2002 y 2009. El 51,9% de los pacientes no tenía causa conocida para su inflamación ocular, el 39,4% de los casos se debía a agentes que no eran infecciosos –el más común era la asociación con el antígeno leucocitario humano B27-, y el resto a algún tipo de infección.
En comparación con personas que nunca han fumado, aquellos que aún tienen este hábito o que lo tuvieron en un pasado tienen 2,2 veces más riesgo de padecer uveítis. "También se han encontrado asociaciones significativas en los pacientes fumadores de raza caucásica, asiática, india e hispana con el desarrollo de uveítis. No ocurre lo mismo en afroamericanos o nativos americanos", apunta la experta.
El 35,5% de los pacientes a los que se les detectó inflamación ocular fumaba o había fumado, mientras que en el grupo control este porcentaje desciende hasta el 23, 6%. En el estudio se indica que existe una estrecha relación entre el tabaco y la uveítis infecciosa, porque se facilitaría que agentes infecciosos llegaran a los tejidos intraoculares sin una inoculación directa. Asimismo, los componentes pro-inflamatorios del humo del cigarrillo pueden también incrementar la reacción inflamatoria celular ante estos organismos. De esta forma se podría dar una explicación a por qué infecciones como el Herpes-1 y la Toxoplasmosis causan inflamación intraocular sólo en un reducido subgrupo de pacientes.
A pesar de que sí que hay un amplio número de investigaciones sobre la relación entre el tabaco y la degeneración macular o la enfermedad ocular tiroidea, son contadas las que existen sobre el riesgo de fumar y la uveítis. "Gracias a este estudio empezamos a saber la estrecha relación entre el tabaco y la uveítis, sobre todo en pacientes con uveítis intermedia y panuveitis con edema macular quístico, cuadros que suelen producir un serio daño en la visión", señala la Dra. Pato. Por el contrario, no se ha podido establecer un vínculo entre fumar y padecer escleritis y epiescleritis.


(1) Cigarette Smoking as a Risk Factor for Uveitis. Lin P, Loh AR, Margolis TP, Acharya NR. Ophthalmology 2010;117:585–90