jueves, 21 de mayo de 2009

Identificar los síntomas no motores, clave para el diagnóstico precoz del Parkinson

Frente a los síntomas más conocidos del Parkinson, como son el temblor, la rigidez, el agarrotamiento de las extremidades y el tronco, bradicinesia o lentitud en los movimientos, alteraciones posturales y de la marcha o deterioro del equilibrio, existen otros síntomas, los llamados no-motores, que en los últimos cinco años han despertado el interés de los profesionales médicos, puesto que estos síntomas pueden manifestarse con anterioridad a los trastornos motores, por lo que su detección podría ayudar a un diagnóstico precoz de la enfermedad de Parkinson.

Éstos y otros temas han sido valorados por los más destacados especialistas del Parkinson a nivel mundial con motivo de la celebración de la masterclass sobre “La enfermedad del Parkinson y sus síntomas no-motores”, llevada a cabo recientemente en Madrid y organizada por UCB Pharma. Dirigido y presentado por el Dr. Pablo Martínez-Martín, de la Unidad de Neuroepidemiología del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III, el encuentro ha tratado de llamar la atención sobre la relevancia que se merecen los síntomas no motores del Parkinson, puesto que “éstos se superponen a los déficit motores, incrementando sobremanera la discapacidad y el deterioro de la calidad de vida del paciente”, comenta el doctor.

La mayoría de los pacientes inician los primeros síntomas identificables como parte de la enfermedad de Parkinson (que son las manifestaciones motoras) entre los 55 y los 70 años. Sin embargo, en el simposio se han tratado los síntomas no motores más inespecíficos, como estreñimiento, pérdida del sentido del olfato o determinados trastornos del sueño, “puesto que su importancia reside no sólo en que son un problema de salud añadido en el paciente, sobre todo, si tenemos en cuenta que algunos estudios recientes reconocen que el promedio de síntomas no motores es de 10 por paciente, sino que pueden manifestarse en el paciente desde años antes de las manifestaciones motoras, por lo que pueden ayudar en el diagnóstico precoz del Parkinson”, explica el Dr. Martínez-Martín.

El Parkinson, al igual que otras enfermedades neurodegenerativas de alta prevalencia, está pendiente de soluciones que disminuyan su frecuencia, progresión e impacto en el individuo, en su entorno inmediato y en la sociedad. En este sentido, actualmente, existe una investigación muy activa sobre su origen y fisiopatogenia, tratamiento y manejo de las complicaciones. Además, aspectos relacionados con la genética, la neuroprotección y la terapia de las manifestaciones no motoras, como la demencia, trastornos disautonómicos, alteraciones del sueño o psicopatológicas, son específicamente, objeto de intensos esfuerzos en investigación. Otro de los temas especialmente relevantes para las investigaciones actuales es el diagnóstico precoz y diferencial de la enfermedad, puesto que “actualmente, es frecuente encontrar casos que muestran intervalos de uno o dos años, o incluso más tiempo, entre el comienzo de los síntomas y el diagnóstico”, puntualiza el Dr. Martínez-Martín.

A la hora de valorar las dificultades en el diagnóstico, el doctor reconoce que las primeras manifestaciones de la enfermedad son “especialmente sutiles, por lo que diferenciar cierta torpeza motora de una mano con respecto a la otra puede ser difícil y puede ser atribuido a problemas osteoarticulares o a la edad, entre otros”. Hasta que se aprecia con claridad la conjunción de un par de signos definitorios, aunque sean muy leves, como bradicinesia y temblor característico, es difícil etiquetar el trastorno con certidumbre”, puntualiza.


-SÍNTOMAS NO-MOTORES DE LA ENFERMEDAD DE PARKINSON
Sistema cardiovascular Hipotensión (mareo y pérdida de conocimiento)
Sueño Insomnio, alteración de conducta REM, hipersomnia
Energía Fatiga, falta de vitalidad
Área psicológica Depresión, ansiedad, apatía
Área cognitiva Pérdida de atención, pérdida de memoria, demencia
Percepciones y pensamiento Ilusiones, alucinaciones, delirio
Tracto gastrointestinal Babeo, disfagia, estreñimiento
Función urinaria Urgencia, frecuencia, nocturna
Función sexual Alteración del interés, otros problemas
Alteraciones sensitivas Dolor, sensaciones anormales
Pérdida de la olfacción y alteración de sabor
Hipersudoración
Modificación del peso


Técnica de neuroimagen en la fase de prediagnóstico
La fase de prediagnóstico se denomina a la fase pre-motora, es decir, la fase previa a los síntomas motores, que se caracteriza por síntomas como hipotensión, alteraciones del sueño, fatiga, deficiencia de atención y memoria… “La conjunción de varios de los síntomas no-motores puede hacer sospechar que el paciente podrá ser diagnosticado de enfermedad de Parkinson en el futuro, aunque en ese momento y mientras no se manifiesten signos motores, no podrá hacerse ese diagnóstico. En este contexto, las técnicas avanzadas de neuroimagen “permiten estudiar el deterioro estructural y funcional del paciente en tiempo real y nos muestra, cada vez con más detalle y exactitud, cómo funcionan las áreas cerebrales afectadas por la enfermedad y aquellas que se relacionan directamente con ellas”, puntualiza el especialista.

La prevalencia del Parkinson muestra una tendencia alcista de la enfermedad, dado que la proporción de población mayor, que es la que más padece esta enfermedad, aumenta progresivamente en términos absolutos. Actualmente, los fármacos existentes permiten controlar la enfermedad durante unos años y se han conseguido medidas paliativas que mantienen al paciente en mejores condiciones por más tiempo; sin embargo, “todos estos avances se han producido en el plano de las alteraciones motoras, no así en el de las no-motoras, a las que se le prestará una atención creciente de aquí en adelante”, finaliza el Dr. Martínez-Martín.

A día de hoy, los retos actuales en diagnóstico y tratamiento del Parkinson pasan por conocer el origen real de la enfermedad y conseguir una intervención que la prevenga o, en su defecto, mejorar el conocimiento de forma que los profesionales médicos puedan generar terapias que ralenticen considerablemente la presentación, progresión y las complicaciones de la enfermedad.

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